Enotecas

Alexander Zelikov/TASS

Los decantadores curvos, las mesas estrictas, los estantes como los de la biblioteca llenos de botellas de vino en vez de libros. La ambición principal de la Brix es que sea cómodo, simple y no demasiado caro. Puedes comprar un blanco o un rojo que te ha gustado directamente en la botella y llevarla a casa. Pero los visitantes prefieren tomar vino aquí, por cuanto en el menú hay algunas tapas ingeniosas. Parma con mozzarella y caqui (en vez de melón o pera tradicionales), hummus con atún e incluso ensalada Olivier y tártar de salmón aquí no parecen bujerías ordinarias. También hay combinaciones clásicas. Para el vino blanco sirven un surtido preparado de pimientos gratinados con feta, nueces, ricotta con tobiko, chorizo, salmón con queso buko, remolacha al horno con chile y aceitunas. Para el rojo – salchicha de Cagliari, parma, cheddar, suluguni ahumado, aceitunas, alconciles, Baba Ghanush y dátiles.

Es un café que comenzó como una tienda con la posibilidad de picar. En general l todo ha permanecido así – todavía es posible tomar un vino que no es el más trivial por el precio del estante, sin embargo, y la carta de vinos, y el menú han crecido significativamente. No hay camareros, en vez de ellos trabajan cavistas que pueden hablar sobre el vino por horas y ciertamente se orientan bien en el surtido local sofisticado.

Los fines de semana y por la noche está lleno de gente, pero los clientes asiduos están listos a sentarse apretados. El Vinny Bazar periódicamente organiza degustaciones. Dos locales más de la misma cadena están abiertos en las avenidas Petrovskiy y Nikitskiy.

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Las paredes llenas de botellas, un pequeño comedor, sofás, enomáticos – todo corresponde al tono discreto de una enoteca buena. En las cartas vineras hay un equilibrio de la vecindad. Los vintages buenos clásicos están junto a la producción de bodegas independientes pequeñas (y a menudo revolucionarias).

Por  la comida en esta cadena (que no se encuentra en todos los bares de la cadena y por lo que hay que elegir lugares con atención) responde el gurú de la gastronomía molecular Adrian Quetglas: raviolis con calamares a la carbonara, riñones al jerez con Parmentier de apio, ensalada de verduras con una nube de crema agria, linguini con conejo, pesto de almoradux y pimienta a la brasa. El Grand Cru lleva a cabo talleres educativos de degustación – es possible aprender los principios de la cultura enológica.

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En 2015 el Wine Religion ganó el premio "La marca de calidad superior"de la revista prestigiosa Wine Spectator. Y por una buena razón: la carta vinera del bar contiene más de 400 vinos, 25 de ellos se venden por copa, y al mismo tiempo cada tres meses la selección de vinos por copa cambia. El vino aquí juega un papel importante, y el menú hábilmente se adapta a él.

Exquisiteces de carne, platos de queso, antipasti (aceitunas, alcachofas, tomates secados al sol y pimientos horneados) se puede compartir entre las campañías grandes: hay porciones pequeñas y más grandes. Para un huésped es posible pedir del menú principal bastante corto, pero sensato, en el cual destacan risotto de calabaza con caqui y pechuga de pato caramelizados, vieiras del Extremo Oriente con crema de trufa, bruschetta con aguacate y gambas y ceviche de mariscos.

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El menú del este pequeño bar vinero entusiástico cambia cada semana. Para la Navidad aquí cocinan raviolis con col picante y ganso, mejillones del Mar Negro aparecen en la temporada y están muy a propósito con el vino blanco. Para el vino ofrecen también las parejas clásicas: aceitunas y tomates secos. En el local llevan a cabo degustaciones, que parecen más lecciones de enología, y fiestas divertidas, por ejemplo, del joven Beaujolais. Del último, sin embargo, hay que recordar que es muy insidioso, y la resaca después de este vino es casi la más terrible. Así que es mejor inscribirse aquí mismo en el brunch de resaca. Para animarse se puede tomar un café en la cafetería DablBi que se encuentra al lado: el café es fuerte y muy variado. En verano aquí en la calle ponen las mesas improvisadas en forma de barriles pesados de vino.


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El subtítulo del bar es simple: "Vino y café". Y así es: por la mañana se debe tomar un café y por la tarde – pasar al vino. El café es muy diverso: preparado en la aeropress, del método pour over, hario, flat white y raf – especialidad dulce de Moscú con maíz, semillas de sésamo o pimienta negro.

Es bueno desayunar aquí (y sirven los desayunos todo el día): huevos fritos con tomates secos y alcauciles, ensalada frisée con vinagre balsámico blanco, naranja frita, uvas y burrata, rosbif con verduras al horno, gambas con budín de arroz, avena con manzanas braseadas, arrepápalos con arándanos cremosos, huevos Benedictinos. La carta de vino es corta pero sensata: botellas del Viejo y del Nuevo Mundo. Además del café y el vino hay otras bebidas sabrosas: limonada de arándanos, té con pera y sésamo, mate.

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La cadena Prostye Veschi, además de que se está posicionando como una pequeña cadena de enotecas, las considera gastropubs, por lo tanto con el vino y la cerveza aquí sirven no cualquier cosa, sino platos abundantes y originales. Por ejemplo, sopa cremosa de aguaturma, soufflé de caballa con galletas, brazuelo de cordero con morillas, platuja del Mar Negro con pasta de calabacín.

Los aderezos locales, a propósito, es posible pedirlos de por sí: los arrepápalos de calabacín sustituirán con creces un plato principal. La escuela enológica del Prostye Veschi, donde enseñan como distinguir el Malbec del Sangiovese, dan a degustar vinos raros como Viognier y inculcan la alfabetización enológica banal: cómo y con qué se debe tomar correctamente el vino, merece una visita separada (el horario de las clases se puede ver en la página web).