Sokolniki

Nikolay Galkin/TASS

El 15 de mayo de 1935 el histórico tren salió de la estación Sokolniki, el primer coche con pasajeros del metro de Moscú. Y en 1937 el proyecto de esta estación, trabajo de los arquitectos Nadezhda Bikova y Ivan Taranov, ganó el Gran Premio en la Exposición Internacional de París. Aquí podemos ver una de las primeras victorias de los revolucionarios-constructores del metro sobre los elementos de la naturaleza: para construir Sokolniki fue necesario revestir con hormigón el río Rybinka y constantemente bombear el agua del suelo de arenas movedizas que amenazaba con una inundación inminente.

En su artículo satírico “M” publicado en el diario Pravda con motivo de la apertura del metro, Ilf y Petrov, aunque no sin ironía, pero con precisión describieron la impresión sobre el metro de los sorprendidos moscovitas :

Estación es una palabra aquí demasiado modesta. Son terminales. Trece estaciones, revestidas en mármol, granito, cobre y azulejos multicolores. Las estaciones se abren de manera extraordinariamente impresionante- desde su parte superior, desde las alturas de los viaductos, desde allí por amplias escaleras a la derecha y a la izquierda bajan los pasajeros a la plataforma. Sí, y la plataforma aquí es una palabra que define la asignación del lugar donde la gente se suben al tren. Su apariencia no es de una plataforma. Se trata más de una sala de palacio. Altura, pureza, brillo de gris pálido o color rosado o rojo veteados de las columnas, luz lechosa suave de las lámparas de araña estrictas, paredes pulidas".

Hoy en día, cuando comparamos Sokolniki con las obras maestras más grandiosos del Metrostroy, la estación parece un himno allaconismo: sin excesos en adornos, un modesto mármol gris azulado en las columnas rectangulares. Desde 1935 el acabado de la estación se mantuvo casi sin cambios, excepto de un detalle importante - la iluminación. Tal como estaba previsto por los arquitectos el espacio fue iluminado lámparas esféricas colgadas entre las columnas y justo encima de las vías; en los cajones de los pasillos laterales fueron colgadas pequeñas lámparas. Todas en conjunto daban una luz difusa suave, como si por encima de la estación flotara un enjambre de luciérnagas. Actualmente en su lugar hay lámparas fluorescentes, su luz brillante da a la estación un aspecto más moderno y la priva de una parte de su encanto original.