Brix

Alexander Zelikov/TASS

Los decantadores curvos, las mesas estrictas, los estantes como los de la biblioteca llenos de botellas de vino en vez de libros. La ambición principal de la Brix es que sea cómodo, simple y no demasiado caro. Puedes comprar un blanco o un rojo que te ha gustado directamente en la botella y llevarla a casa. Pero los visitantes prefieren tomar vino aquí, por cuanto en el menú hay algunas tapas ingeniosas. Parma con mozzarella y caqui (en vez de melón o pera tradicionales), hummus con atún e incluso ensalada Olivier y tártar de salmón aquí no parecen bujerías ordinarias. También hay combinaciones clásicas. Para el vino blanco sirven un surtido preparado de pimientos gratinados con feta, nueces, ricotta con tobiko, chorizo, salmón con queso buko, remolacha al horno con chile y aceitunas. Para el rojo – salchicha de Cagliari, parma, cheddar, suluguni ahumado, aceitunas, alconciles, Baba Ghanush y dátiles.