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Serguéi Konkov/TASS

El deseo del cocinero Ígor Grishechkin de mostrar que la cocina rusa no se limita solo a lo ya conocido de la era soviética, como el pollo a la Kiev, el borsch v gorschochke (sopa de remolacha en maceta), o el lucio a la polaca, coincidió con los intereses de los propietarios, Matilda y Serguéi Shnurov (el mismo Shnurov del grupo Leningrad), convirtiéndose así en un gran restaurante gourmet.  La sopa de pescado bien espesa se sirve con mejillones del mar blanco en un plato rodeado de carbón para darle aroma. El rodaballo se ofrece con una crème brûlée de coliflor y gragea de "aceite de carbón". El conejo con smetana (nata agria) se acompaña con escaña y verduras crujientes.