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Serguéi Konkov/TASS

En primer lugar, el Grand Cru es una vinoteca con una buena selección de vinos y otras bebidas alcohólicas.  Lo más importante es explicarle al sumiller lo que quiere y de cuánto dinero dispone para gastar en vino. En el Gran Cru en la Fontanka hay también un comedor, donde los cocineros rusos encarnan las ideas del chef, el español Adrián Quetglas, el pionero en traer a Moscú la cocina molecular hace diez años. Entre otras cosas, el Grand Cru sirve: tartar de buey con crema de trufa y parmesano helado, sopa de calabaza con codornices, almendras y gota de chile y carrillera de ternera con risotto de trigo y una emulsión de pimiento rojo.